El reposo del guerrero zen
La cotidianeidad nos depara poco espacio para la reflexión. Deglutimos imágenes, emociones, pensamientos que acaban desbordándonos, transpiramos ideas que no podemos fijar. A menudo es necesario recurrir a la pauta Zen de dejar la mente en blanco, porque “cuando la taza está llena ya no cabe nada más”.
Japón es una fuente de inspiración, por su contraste y por ese extrañamiento que causa al que llega hasta él. Como guerreros que ejercen su maestría en tierra extraña, los visitantes deben ejercitarse y desarrollar herramientas nuevas, inesperadas.
Uno de los libros más emblemáticos de su filosofía, “Zen en el arte del tiro con arco” desarrolla el concepto de que el verdadero arte se encuentra en la maestría, que se adquiere con la práctica, no en el resultado. Curiosa paradoja en una sociedad con rígidos códigos de honor que puede dar lugar a personajes como Mishima, poeta y guerrero suicida. Bella esa fragilidad, formas sostenidas en el vacío, unos códigos que encorsetan en unos ambientes fluidos, prácticamente desnudos.
Del abigarramiento de las calles, los restaurantes, los transportes públicos, a las amplias avenidas de los jardines al museo Nezu, de Kengo Kuma, autor admirado por Francesc, un maravilloso descubrimiento. Un lugar evocador donde el guerrero puede descansar.
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